Llevo unos días pensando cómo un solo gesto a veces es capaz de cambiarlo todo. De que casi siempre, antes de que estallara la guerra más cruel, hubo un momento en que con un gesto adecuado, una llamada oportuna, una sonrisa acertada, o un beso, todo podría haber tomado sutilmente el camino de mejorar las relaciones en vez de seguir precipitándose hacia el desastre total..
De todos ellos, mi preferido es el abrazo. Recoger en tu espacio vital el dolor del otro, comprender sintiendo pecho contra pecho, respirar el mismo aire, y volverse uno parte de la esencia del otro.
He leído varias cosas sobre los efectos curativos de los abrazos, e incluso de
los "abrazos gratis". Pero no es esa mi idea. Yo hablo de los abrazos de la gente que nos quiere, de la gente a la que queremos, de parar la hostilidad, de comprender, de entender, de ayudar a superar los malos momentos. Y también de abrazar de alegría, de ternura, de agradecimiento, de complicidad...
Ivi me enseñó un refrán que decía "culos que se han visto de cerca, de lejos se hacen señas". Una ordinariez para llegar a significar que a veces, entre quienes hay mucha complicidad, no hacen falta grandes muestras, sino simplemente, un toque sutil, que dice mucho más que todas las palabras.
Me gustan esos pequeños pero significativos toques. Te cojo el meñique mientras paseamos, rodeados de gente, y probablemente solo tú y yo lo sabemos, pero entre nosotros corre la electricidad a millones de kilómetros por segundo. Esos de agarrarse las manos para cruzar una carretera saturada de coches, venga, corre conmigo, no te vayan a atropellar. Y también los abrazos de los niños, entregados y sinceros, a bocajarro, hasta que te ahogan y tienes que suplicar no morir de la risa. Los abrazos de los padres, que parece que nunca te fueran a soltar. Y aún más, los abrazos de los abuelos, que parece que te estuvieran dejando la sabiduría de siglos impregnada en la piel en solo unos segundos. Los abrazos que te dan los viejos amigos, después de mucho tiempo sin verte, para felicitarte por tu éxito, por la felicidad que desprendes y en ellos ponen toda la alegría que son capaces de concentrar. Los abrazos que das a los amigos que hace tiempo que no ves y encuentras en horas bajas, poniendo en ellos toda la alegría que llevas en la cartera, porque sabes que no la pierdes, que se multiplica al compartirla. Los abrazos por la noche, en una cama en silencio, donde no hace falta decir nada, porque ese brazo pegado a tu cuerpo ya significa por sí solo que estoy a gusto aquí, compartiendo contigo mis sueños y el mismo aire en este espacio vital tan pequeño.
Abrazos tiernos, sinceros, arrojados, que duelen y sanan a la vez. Y es que he leído por ahí que lo bueno de un abrazo, es que en el mismo acto en que lo das, lo estas recibiendo tú también. Así que abrazos para todos vosotros. Un poquito de ternura para iluminar hoy al mundo!!